POINT DE LUNETTES

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JUAN RAMÓN JIMÉNEZ GUERRA EN ESPAÑA AUTOR: JUAN RAMÓN JIMÉNEZProsa y verso (1936-1954). Ed. de Ángel Crespo, revisada y ampliada por Sol.. Product #: 978-84-96508-38-5 Regular price: $24.04 $24.04 997

GUERRA EN ESPAÑA

AUTOR: JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
ISBN: 978-84-96508-38-5
Tirada: 2500 EJEMPLARES
Nº páginas: CX de prólogo + 754 pp. + índice + 2 cuadernillos de ilustraciones
Dimensiones: 24.00cm (alto) x 17.00cm (ancho)

Precio: 25.00€

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Guerra en España  es la reedición completa del libro que apareció en 1985 muy incompleto con el mismo título y que ya está totalmente agotado. Los especialistas señalaron en su momento lo fragmentario de la edición y desde entonces se esperaba la versión completa, que es ésta. Si aquel tenía 335 páginas y 27 imágenes, este de Point de Lunettes tiene 880 páginas y más de 159 ilustraciones. Una parte del material nuevo (texto e imágenes) que se añade es inédita en libro. Esta obra es fundamental en el panorama literario actual por los siguientes motivos:

1. Es una recopilación que Juan Ramón Jiménez hizo durante toda su vida de textos propios (verso y prosa de creación, artículos periodísticos, conferencias completas, declaraciones a la prensa, lecturas radiofónicas, cartas personales: mucho de este material es inédito en libro o desconocido) y de otros autores (muchos de ellos, cartas inéditas) sobre la II República, la Guerra Civil y el exilio español a América Latina y Europa. También es una recopilación de imágenes (180 aprox.) alusivas a los hechos narrados, algunas muy duras. Con este conjunto ingente de textos e imágenes Juan Ramón tratará de justificar su postura personal de fidelidad a la II República y de dignidad personal que motivaría su largo exilio y el hecho de que no regresara jamás a España.

2. Guerra en España desvela mucha información desconocida de los exiliados, y muchas polémicas surgidas entre ellos, en Europa, América Latina e incluso África (campos de concentración de la Argelia francesa). En este sentido es un gran corpus de textos, algunos inéditos, de Juan Ramón Jiménez, Jorge Guillén, José Bergamín, Navarro Tomás, Pablo Neruda, Menéndez Pidal... en donde se revela la actitud de todos estos intelectuales ante la Guerra Civil, primero, y el exilio después o la España “oficial” de Franco. También aparece la postura de muchos intelectuales que permanecieron o regresaron a la España de la Dictadura, con los que Juan Ramón mantuvo relación. Es uno de los libros que más información aporta sobre la actitud de los intelectuales ante la II República, la Guerra Civil, el exilio y la España de Franco.

3. Muchos de los hechos narrados sirven para desterrar falsos tópicos comúnmente aceptados sobre Juan Ramón Jiménez, como su falta de compromiso social ante la Guerra; pues en este libro aparecen muchas pruebas de acciones de Juan Ramón en favor de la II República (firma de manifiestos, mítines...) y de su acción social (mientras permaneció en Madrid, convirtió su casa en un horfanato de hijos de milicianos muertos; en Nueva York se dedicó a recaudar fondos para los huérfanos de la guerra de España). También salen a la luz cuestiones polémicas como la dudosa actitud de Jorge Guillén y José Bergamín ante el conflicto.

4. Aparece igualmente el capítulo espinoso del robo de la biblioteca de Juan Ramón Jiménez en Madrid, acabada la Guerra Civil.

5. Esta edición definitiva de Guerra en España, fiel al plan del autor al que sorprendió la muerte antes de poder publicar la obra, reconstruida inicialmente por Ángel Crespo y completada por Soledad González Ródenas, es un libro que habrá de tener en su biblioteca cualquier intelectual o lector que desee tener una visión más completa de la historia de la literatura española del pasado siglo.

(Sobre la muerte de Antonio Machado)

Antonio Machado se dejó desde niño la muerte, lo muerto, podre y quemásda por todos los rincones de su alma y su cuerpo. 
Tuvo siempre tanto de muerto como de vivo, mitades fundidas en él por arte sencillo. Cuando me lo encontraba por la mañana temprano, me creía que acababa de levantarse de la fosa. Olía, desde muy lejos, a metamorfosis. La gusanera no le molestaba, le era buenamente familiar. Yo creo que sentía más asco de la carne tersa que de la huesuda carroña, y que las mariposas del aire libre le parecían casi de tan encantadora sensualidad como las moscas de la casa, la tumba y el tren, 
“inevitables golosas”.
Poeta de la muerte, y pensado, sentido, preparado hora tras hora para lo muerto, no he conocido otro que como él haya equilibrado estos niveles iguales de altos o bajos, según y cómo; que haya salvado, viviendo muriendo, la distancia de las dos únicas existencias conocidas, paradójicamente opuestas; tan unidas aunque los otros hombres nos empeñemos en separarlas, oponerlas y pelearlas. Toda nuestra vida suele consistir en temer a la muerte y alejarla de nosotros, o mejor, alejarnos nosotros de ella. Antonio Machado la comprendía en sí, se cedía a ella en gran parte. Acaso él fue, más que un nacido, un resucitado. Lo prueba quizás, entre otras cosas, su madura filosofía juvenil. Y dueño del secreto de la resurrección, resucitaba cada día ante los que lo vimos esta vez, por natural milagro poético, para mirar su otra vida, esta vida nuestra que él se reservaba en parte también. A veces pasaba la noche en su casa ciudadana de alquiler, familia o posada. Dormir, al fin y al cabo, es morir, y de noche todos nos tendemos para morir lo que se deba. No quería ser reconocido, por sí o por no, y por eso andaba siempre amortajado, cuando venía de viaje, por los trasmuros, los pasadizos, los callejones, las galerías, las escaleras de vuelta, y, a veces, si se retardaba con el mar tormentoso, los espejos de estación, los faros abandonados, tumbas en pie. 
Visto desde nosotros, observado a nuestra luz medio falsa, era corpulento, un corpachón naturalmente terroso, algo de grueso tocón acabado de sacar; y vestía su tamaño con unos ropones negros, ocres y pardos, que se correspondían a su manera estravagante de muerto vivo, chaqué nuevo quizás, comprado de prisa por los toledos, pantalón perdido y abrigo de dos fríos, deshecho todo, equivocado en apariencia; y se cubría con un chapeo de alas desflecadas y caídas, de una época cualquiera, que la muerte vida equilibra modas y épocas. En vez de pasadores de bisutería llevaba en los puños del camisón unas cuerdecitas como larvas, y a la cintura, por correa, una cuerda de esparto, como un ermitaño de su clase. ¿Botones? ¿Para qué? Costumbres todas lójicas de tronco afincado ya en cementerio. 
Cuando murió en Soria de Arriba su amor único, que tan bien comprendió su función trascendental de paloma de linde, tuvo su idilio en su lado de la muerte. Desde entonces, dueño ya de todas las razones y circunstancias, puso su casa de novio, viudo para fuera, en la tumba, secreto palomar; y ya sólo venía a este mundo de nuestras provincias a algo muy urgente, el editor, la imprenta, la librería, una firma necesaria... la guerra, la terrible guerra española de tres siglos. “Entonces” abandonó toda su muerte y sus muertos más íntimos y se quedó una temporada eterna en la vida jeneral, por morir otra vez, como los mejores otros, por morir mejor que los otros, que nosotros los más apegados al lado de la existencia que tenemos acotado como vida. Y no hubiera sido posible una última muerte mejor para su estraña vida terrena española; tan mejor, que ya Antonio Machado, vivo para siempre en presencia invisible, no resucitará más en genio y figura. Murió del todo en figura, humilde, miserable, colectivamente, res mayor de un rebaño humano perseguido, echado de España, donde tenía todo él, como Antonio Machado, sus palomares, sus majadas de amor, por la puerta falsa. Pasó así los montes altos de la frontera helada, porque sus mejores amigos, los más pobres y los más dignos, los pasaron así. Y si sigue bajo tierra con los enterrados allende su amor, es por gusto de estar con ellos, porque yo estoy seguro de que él, conocedor de los vericuetos estrechos de la muerte, ha podido pasar a España por el cielo de debajo de tierra. 
Toda esta noche de luna alta, luna que viene de España y trae a España con sus montes y su Antonio Machado reflejados en su espejo melancólico, luna de triste diamante azul y verde en la palmera de rozona felpa morada de mi puertecilla de desterrado verdadero, he tenido en mi fondo de despierto dormido el romance “Iris de la noche”, uno de los más hondos de Antonio Machado y uno de los más bellos que he leído en mi vida:

Y tú, Señor, por quien todos 
vemos y que ves las almas, 
dinos si todos un día 
hemos de verte la cara.

En la eternidad de esta mala guerra de España, que tuvo comunicada a España de modo jigante y terrible con la otra eternidad, Antonio Machado, con Miguel de Unamuno y Federico García Lorca, tan vivos en la muerte los tres, cada uno a su manera, se han ido, de diversa manera lamentable y hermosa también, a mirarle a Dios la cara. Grande de ver sería cómo da la cara de Dios, sol o luna principales, en las caras de los tres caídos, más afortunados quizás que los otros, y cómo ellos le están viendo la cara a Dios. (págs. 444-446).

Uno de los más grandes poetas españoles de todos los tiempos, Premio Nobel de Literatura en 1956, Juan Ramón Jiménez Mantecón (Moguer, Huelva, 23 de diciembre de 1881–San Juan, Puerto Rico, 29 de mayo de 1958) estudió un tiempo en la Universidad de Sevilla, pero abandonaría Derecho y pintura para dedicarse a la literatura, influenciado por Rubén Darío y los simbolistas franceses. Sufre varias crisis de neurosis depresiva y permanecerá ingresado en Francia y en Madrid. En esta ciudad se instala definitivamente; realizará posteriormente viajes a Francia y a Estados Unidos, donde se casa en 1916 con la que sería su compañera el resto de su vida, Zenobia Camprubí. En 1936, al estallar la Guerra Civil española, se exiliará a Estados Unidos, Cuba y Puerto Rico, país donde fallecería poco después de recibir la noticia de la concesión del Nobel. La crítica suele dividir su trayectoria poética en tres etapas:

Etapa sensitiva (1898-1915): marcada por la influencia de Bécquer, el Simbolismo y el Modernismo. En ella predominan las descripciones del paisaje, los sentimientos vagos, la melancolía, la música y el color, los recuerdos y ensueños amorosos. Se trata de una poesía emotiva y sentimental donde se trasluce la sensibilidad del poeta a través del perfeccionismo de la estructura formal.

Etapa intelectual (1916-1936): descubrimiento del mar como motivo trascendente. El mar simboliza la vida, la soledad, el gozo, el eterno tiempo presente. Se inicia asimismo una evolución espiritual que lo lleva a buscar la trascendencia. En su deseo de salvarse ante la muerte se esfuerza por alcanzar la eternidad, que busca conseguir a través de la belleza y la depuración poética.

Etapa "verdadera" (1937-1958): todo lo escrito durante su exilio americano.

La obra poética de Juan Ramón Jiménez es muy numerosa, con sucesivos libros que, sin embargo, en un afán constante de superación, repudiará o de los que salva tan solo algún poema, casi siempre retocado en sus posteriores versiones y selecciones.

 

 

El Imparcial. 18-6-2014 Ver

Lista de los más vendidos del ABC. Febrero del 2010. Ver

Lista de los más vendidos de El Mundo. 5-3-2010. Ver

Piedra del Molino. Primavera 2010. Ver

El País. 13-3-2010. Ver

El Mundo. 13-11-2009. Ver

Diario de Alcalá. 13-1-2009. Ver

El País. 27-12-2009. Ver

 

CARACTERÍSTICAS DEL LIBRO
NÚMERO DE PÁGINAS CX de prólogo + 754 pp. + índice + 2 cuadernillos de ilustraciones
AÑO DE EDICIÓN 2003
TIRADA 2500 EJEMPLARES
IMPRESO A DOBLE TINTA (NEGRA Y ROJA)
TIPOS Janson text y Gill Sans
IMPRENTA Entorno Gráfico (Maracena, Granada)
ENCUADERNACIÓN Olmedo Hnos.

LIBROS DESTACADOS

CANCIONERO A MASCHA DIAKOVSKY

14.00€
ÁNGEL GAVINET GARCÍA

ENTRE CIELO Y SUELO

10.00€
CARLOS GERMÁN BELLI

NECESIDAD DE LIBERTAD

16.00€
REINALDO ARENAS

POEMAS PARA PERROS

12.00€
MANUEL GARCÍA

RAMONEO (Poesía)

12.00€
RAMÓN PÉREZ DE AYALA

CÁNDIDO EN LA ASAMBLEA

20.00€
JOSÉ JUAN DÍAZ TRILLO

UNA HAWAIANA CON UN UKELELE

12.00€
TITO MUÑOZ

POEMAS A QUEMARROPA

12.00€
JUAN CARLOS FRIEBE

GUERRA EN ESPAÑA

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QUILOMBO

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